Mapas Psicosociales.

Esto no es una newsletter más, es una forma distinta de entender el mundo y entendernos, desde la inteligencia psicosocial.

  • Un mapa psicosocial es un mapa mental.

    No de “quién eres”. Sino de cómo se genera lo que piensas, sientes y crees que eres. Incluyendo el qué te condiciona para llegar a ciertos razonamientos.

    Porque no pensamos en el vacío. Pensamos como organismos en interacción.

    Con el entorno. Con otras personas. Con códigos aprendidos.

    Llamarlo así, nace de que varias personas con "asperger" éste nombre que le han dado a "autistas superinteligentes" me han contactado diciendome precisamente eso:

    "Sergio, has creado el mapa mental de porque pienso lo que pienso, has creado el esquema que organiza los motivos de lo que siento"

    Cuando leí, este mensaje por whatssap, me emocioné mucho, y dije esto hay que llevarlo al mundo entero. 

    Crear una biblioteca de mapas psicosociales, para crear una psicología cooperativista, que no aisle a las personas.

     Desde la psicología de la interacción lo vemos claro:
    tu experiencia no es solo lo que viviste. Es cómo lo interpretaste.

    Y esa interpretación nace dentro de un marco cultural y moral.

    Por eso alguien dice “yo soy así por lo que me pasó”…

    pero se olvida de algo:
    lo que “te pasó” ya venía con un guion social.

    Con ideas sobre lo correcto, lo grave, lo vergonzoso, lo imperdonable.

    Los mapas psicosociales sirven para mirar los puntos ciegos que se nos escapan en los sesgos.

    Analizamos palabras, frases, situaciones.
    Y vamos encontrando patrones:
    qué influencias hay, qué reglas invisibles hay, qué miedo hay.

    Porque muchas cosas que parecen “maldad”…
    son vulnerabilidad.

    Y muchas cosas que parecen “patología interna”…
    son una respuesta funcional a un contexto que empuja.

    Estos mapas te van a aclarar mucho: por qué piensas como piensas, por qué sientes como sientes, por qué ciertas cosas te activan y otras no.

    Es un enfoque cooperativo. Menos individualista. Desde la psicología social, sociología, nos aferramos a la psicología critica y comunitaria.

    Más realista con el cómo funciona la vida en sociedad, y en consecuencia tu.

    Y asi aprenderas a saber estar mejor con los demás para estar bien contigo mismo.

    Bienvenidos a Mapas Psicosociales.

    Tu mapa de hoy:

    No te hiciste a ti mismo, el contexto se expresa a traves de ti. Entonces cuando discutes que defiendes tanto?


Aquí encontrarás todos los emails enviados hasta ahora.
Léelos en el orden que quieras.

  • SANAR NO EXISTE, no como mayoriatariamente interpretamos.

    La palabra “sanar” viene de Recuperar la salud.

    pero, aplicada a la mente, muchas veces nos confunde.

    Porque en el cerebro, en la mayoría de lo que llamamos “heridas emocionales” (abandono, rechazo, trauma, ruptura…), no hay una herida como tal.

    No hay “algo roto” que un día esté roto y al otro día esté curado.

    Lo que suele haber es otra cosa:

    Un sistema nervioso que aprendió a estar en alerta.

    Una amígdala que se activa con facilidad.

    Un patrón de interpretación que se volvió automático.

    Después de una experiencia fuerte, el cerebro no “sangra”.

    El cerebro asocia.

    Asocia imágenes, pensamientos, sensaciones y reacciones.

    Y como eso funcionó una vez para sobrevivir, lo repite.

    Por eso lo que llamamos “sanar” suele ser, en realidad, esto:

    sustituir un patrón por otro.

    No se trata de borrar el pasado.

    Se trata de que el presente empiece a pesar más que el pasado.

    Y eso pasa cuando aparecen nuevas experiencias.

    Nuevos retos.

    Nuevas conversaciones.

    Nuevas dinámicas.

    Nuevos contextos (o nuevas reglas dentro del mismo contexto).

    Seguro que lo has vivido:

    una ruptura que al inicio ocupaba el 80% de tu cabeza…

    y meses después, sin “sanar mágicamente”, empezó a ocupar menos espacio.

    No porque se curó una herida,

    sino porque la vida fue metiendo cosas nuevas que fueron reemplazando lo anterior.

    “Un clavo saca otro clavo” no es una frase superficial.

    Es una descripción brutalmente precisa:

    un pensamiento sustituye a otro pensamiento.

    una experiencia reemplaza a otra experiencia.

    Pero aquí está la parte clave:

    Eso no ocurre solo pensando.

    Ocurre sobre todo actuando.

    La acción crea una reacción.

    Y la reacción crea un nuevo escenario.

    Y el nuevo escenario obliga al cerebro a fabricar nuevas respuestas.

    Si yo soplo, los papeles se mueven.

    Si no soplo, los papeles se quedan igual.

    Con tu vida pasa lo mismo:

    si no cambias algo que provoque otra respuesta en el entorno,

    el patrón viejo tiene todo para seguir ganando.

    Así que quédate con esta idea, para tu mapa psicosocial

    Tu mapa de hoy:

    Sanar no existe.

    Existe reemplazar.

    Reemplazar hábitos, reacciones, decisiones y dinámicas…

    hasta que lo nuevo empieza a dominar y lo viejo deja de dirigir tu vida.

  • Tu Apego no es tu Infancia

    Ni es SOLO responsabilidad de tus padres”.

    Ni es una condena escrita a los 3 años.

    Ni es una etiqueta para toda la vida.

    La teoría del apego se ha convertido en una religión moderna:

    “Soy ansioso.”

    “Soy evitativo.”

    “Soy desorganizado.”

    “Esto viene de mi madre / mi padre.”

    “Así soy.”

    Pero,

    eso es una simplificación.

    Sí: la infancia importa.

    Sí: tus cuidadores influyen.

    Pero el apego no es un tatuaje.

    Es un sistema adaptativo.

    Y como todo sistema adaptativo…

    cambia cuando cambian las condiciones.

    Lo que la evidencia suele mostrar es esto:

    hay estabilidad moderada… pero también hay cambio.

    Algunas personas mantienen un patrón durante años.

    Otras lo reorganizan con el tiempo.

    Y eso encaja con algo básico:

    tu manera de vincularte no depende solo de cómo empezaste…

    depende de lo que te ha ido pasando después.

    ¿De qué se alimenta el apego, además de la infancia?

    De relaciones significativas.

    Parejas.

    Amistades.

    Mentores.

    Equipos.

    Comunidades.

    Personas que te sostienen…

    o personas que te vuelven a romper.

    De eventos vitales.

    Rupturas.

    Duelos.

    Estrés crónico.

    Migración.

    Cambios de vida.

    Épocas donde todo se reordena y tu sistema nervioso aprende nuevas reglas.

    Y también de algo que mucha gente ignora:

    personas con historias tempranas difíciles pueden volverse más seguras con el tiempo,

    si tienen experiencias posteriores consistentes, reparadoras y reales.

    En otras palabras:

    el apego no es un origen.

    Es un resultado.

    El apego se suele explicar como “tu problema individual”.

    Como si fuera una pieza defectuosa dentro de ti.

    Como si tuvieras que arreglarte tú… porque tú eres el fallo.

    Pero míralo desde el mapa psicosocial:

    El apego es una consecuencia de cómo vivimos juntos.

    De cómo nos educan (o no) para vincularnos.

    De cómo se construye la identidad.

    De cómo se manejan los conflictos.

    De cómo la cultura define lo que es amar, necesitar, pedir, poner límites, depender, soltar.

    Por eso el apego no es solo “tu herida” ni “tus padres”.

    El apego también es:

    un fenómeno social sin alfabetización psicosocial.

    Tu cuerpo y tu mente no están “mal”.

    Muchas veces están siendo perfectamente funcionales…

    para el tipo de vínculos, creencias y contextos que has tenido que habitar, y que estas habitando.

    Tu mapa de hoy:


    Así que la pregunta no es:

    “¿Qué apego tengo?”

    La pregunta es:

    ¿Qué entorno relacional estoy entrenando cada día sin darme cuenta?

    ¿Qué tipo de experiencias están reforzando mi sistema de apego ahora mismo?

    Pd: Para los que dudan de esta afirmación, ésto no me lo inventé viene de investigaciones que no interesa que salgan en el mainstream, siempre es mejor hacer creer a las personas que tienen una patología y que por eso se relacionan así, en lugar de señalar que es el cómo el sistema nos empuja a relacionamos lo que genera una patología.

    Referencias:

           https://journals.sagepub.com/doi/10.1207/S15327957PSPR0602_03

           https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/10953934/

           https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/29510301/

            https://www.annualreviews.org/content/journals/10.1146/annurev-psych-010418-102813

            https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6150851/

  • Te enfadas contra el enfado.

    Hoy en dia no se tolera el enfado.

    Como si enfadarse fuera un fallo moral.

    Como si fuera una decisión fría:

    “yo elijo enfadarme”.

    Pero el enfado no aparece en el vacío.

    Aparece en interacción.

    El organismo + el contexto.

    Lo que pasa + lo que crees que debería pasar.

    Lo que aprendiste que es “aceptable” + lo que estás viviendo.

    Por eso, cuando alguien se enfada…

    la respuesta automática suele ser enfadarse de vuelta.

    No porque sea lógico.

    Sino porque es lo que el código social nos ha enseñado:

    “si me hablan desde el enfado, es una falta de respeto” (no me hables así).

    Y ahí se enciende el incendio.

    Dos personas no peleando por el hecho…

    sino obedeciendo el mismo guión cultural.

    La clave no es prohibir el enfado.

    La clave es tolerarlo lo suficiente para que se transforme.

    Porque un enfado sostenido necesita combustible.

    Y el combustible suele ser:

    resistencia,

    humillación,

    desprecio,

    o guerra.

    Desde Emosocial te proponemos algo muy simple:

    mear encima del fuego para que se hagan ascuas.

    Que baje la llama.

    Que deje de quemar.

    Y que se pueda convertir en calor útil.

    Tolerar el enfado no es permitir que te traten mal.

    Es no añadirle gasolina.

    Es crear una condición para que el otro deje de alimentarlo…

    y tú dejes de sentir que estás en peligro.

    El problema no es individual.

    No es “él se enfada” y “yo me ofendo”.

    El problema es que somos dos víctimas del mismo contexto que te dice cómo tienes que reaccionar:

    uno que nos enseñó que quien se enfada contigo es tu enemigo…

    cuando muchas veces es alguien de tu equipo

    que solo necesita que le tiendan la mano.

    Si quieres aprender mas sobre como gestionar estas interacciones 

    aqui aprenderas como.

    Tu mapa de hoy:

    La moral y los códigos sociales te obligan a reaccionar con enfado al enfado que penalizan.

  • Se habla mucho de “manifestar”.

    Como si tuviéramos un poder secreto.

    Como si el universo fuera un catálogo.

    Como si pensar fuerte fuera lo mismo que crear realidad.

    Pero muchas veces lo que llamamos manifestación es otra cosa:

    reinterpretar lo sucedido después para que parezca que “yo lo atraje”.

    Pides algo.

    Pasan mil cosas.

    la vida en movimiento.

    Y cuando ocurre una parte…

    la mente hace el resto:

    selecciona,

    ordena,

    recorta,

    y construye un relato coherente donde tú eres la causa principal.

    Eso tiene nombre:

    memoria reconstructiva.

    Sesgo de consistencia.

    Y el clásico “factor único”:

    creer que pasó por una sola razón…

    cuando en realidad pasó por un sistema entero.

    Porque el contexto importa.

    Mucho.

    Si quieres “manifestar” un caballo donde no hay caballos…

    no es espiritualidad: es logística.

    Si quieres “manifestar” un coche de una marca que no existe donde estás…

    no es vibración: es disponibilidad.

    ¿Entonces la manifestación es mentira?

    No necesariamente.

    Solo que no es magia.

    Es probabilidad.

    Y la probabilidad se mueve con conducta, motivación y entorno.

    Incluso eso que llamamos “suerte” suele funcionar así:

    hay gente que genera más oportunidades,

    porque se expone más,

    conecta más,

    se mueve más,

    y además está lo bastante calmada como para ver cosas que otros pasan por alto.

    Y luego está la sugestión:

    si te crees algo, actúas distinto.

    y si actúas distinto, cambias el resultado.

    No porque el universo te obedezca…

    sino porque tú cambiaste tu forma de estar en el mundo.

    Así que sí:

    podemos “manifestar”.

    Pero lo que manifestamos no sale del vacío.

    Se manifiesta cuando es posible socialmente.

    Cuando el contexto lo permite.

    Cuando hay condiciones.

    Y, muchas veces, cuando hay otros sosteniendo el proceso contigo,

    aunque no lo llames así.

    Si quieres aprender mas sobre inteligencia psicosocial, esta manera de entender el mundo de una forma paronamica.

    aqui tienes una oportunidad solo disponible hasta el 20 de febrero.

    P.D  Cuantas personas intentan manifestar la paz en países en guerra, y por lo que sea no se manifiesta.... no creo que sea un problema del que quiere manifestarlo y no lo consigue.

    Tu mapa de hoy:

    Manifestar lo que quieres es el reajuste de la narrativa que viene después para justificar que todo fué gracias a ti. Esa necesidad de sentir que tenemos un poder que nos permite tener la ilusión de control de nuestras vidas

  • La libertad se vende como el camino a la felicidad.

    Pero el cerebro no siempre funciona así.

    En un mundo con mil opciones, la libertad se vuelve ruido.

    Cuantas más posibilidades, más dudas.

    Y más miedo a equivocarte.

    Y cuando eliges un camino…

    la libertad de haber podido elegir otro camino te persigue.

    Empiezas a mirar lo que no tienes.

    Y dejas de valorar lo que sí tienes.

    A veces, demasiada libertad le quita valor a todo.

    Si todo es posible, nada pesa.

    Si todo es accesible, nada se sostiene.

    Y la elección se convierte en ansiedad disfrazada de “potencial”.

    Por eso hay otra libertad más profunda.

    La libertad de salir de lo que crees.

    Salir de la narrativa que defiendes como verdad absoluta y propia.

    Porque creer todo lo que piensas no es libertad.

    Es hábito.

    Es aprendizaje.

    Es un cerebro que se fue cerrando en una forma de ver el mundo.

    Y cuanto más te identificas con lo que sientes o piensas…

    más te encierras.

    Más “yo soy así”.

    Más prisión con nombre de identidad.

    El mayor gesto de libertad no es tener más opciones.

    Es desidentificarse.

    Es salir del sesgo que cree que lo sabe todo.

    Es dejar de tomarte como un hecho.

    La libertad real empieza cuando sales de ti mismo.

    Cuando dejas de defenderte.

    Cuando te abres a otras lecturas

    Sin identificarse con ninguna de ellas

    La libertad al final es experimentar la vida

    sin encerrarte en ella.

    Y uno de los caminos para ser consciente de ello

    es la formación que impartimos aqui

    ultimas plazas disponibles, no pierdas la tuya.

    Tu mapa de hoy:

    Tu cerebro, bombardeado de mil posibilidades, crea situaciones imaginarias que serán siempre mejores que lo bueno o maravilloso que estés experimentando hoy.

  • Hoy no vamos a hablar del problema.

    Vamos a hablar de lo que el problema “significa” dentro de tu cabeza.

    Porque sí:

    el problema existe.

    Puede ser grave.

    Puede doler.

    Puede ser real.

    Pero lo que muchas veces lo convierte en un gran problema psicológico no es solo el hecho…

    sino la connotación cultural que le colgamos encima.

    Un diagnóstico.

    Una crisis económica.

    Una separación.

    Una muerte.

    Cambios fuertes.

    Pérdidas.

    Errores.

    Incertidumbre.

    No voy a quitarle peso a nada de eso.

    Sería ridículo.

    El problema tiene su peso.

    Pero hay algo que lo multiplica:

    la manera en la que tu entorno te enseñó a reaccionar ante ese tipo de problema.

    Porque tu cerebro hace esto:

    Ante un estímulo fuerte, busca una respuesta rápida.

    Busca y encuentra “cómo se supone que tengo que reaccionar ante esto”.

    Busca referencias.

    Busca guías.

    Busca modelos.

    ¿Y de dónde salen esas guías?

    De lo que viste.

    De lo que te dijeron.

    De lo que se aplaude o se condena.

    De lo que se considera “normal”.

    De lo que se considera “terrible”.

    De lo que se considera “imperdonable”.

    O sea: de la cultura.

    Y aquí está el punto:

    A veces el problema ya era suficientemente problema…

    pero la cultura le añade una capa extra:

    drama.

    culpa.

    vergüenza.

    catastrofismo.

    identidad.

    Y esa capa extra es la que te inmoviliza.

    No tanto el evento…

    sino lo que tu mente interpreta que ese evento dice

    de ti, de tu vida y de tu futuro.

    Ejemplo sencillo:

    Una separación puede doler, claro.

    Pero piensa cuánto del dolor viene de la separación…

    y cuánto viene del guion cultural que traemos encima.

    El romanticismo ha creado una referencia muy fuerte:

    “si te separas, es un fracaso”.

    “si no era para siempre, no era real”.

    “si te dejan, algo te falta”.

    “si estás solo, estás incompleto”.

    Entonces la ruptura no solo duele…

    sino que además viene con un paquete de significado.

    Y ese paquete pesa más que la realidad del hecho.

    No se trata de negar el problema.

    Se trata de quitarle el “teatro” que no es tuyo.

    Se trata de separar:

    lo que ocurre…

    de lo que te enseñaron que debería ocurrirte por dentro cuando ocurre.

    Porque cuando entiendes esto, pasa algo potente:

    sigues teniendo un problema…

    pero dejas de tener el problema del problema.

    Tu mapa de hoy:


    La pregunta correcta no es:

    “¿qué problema tengo?”

    La pregunta correcta es:

    ¿qué interpretación aprendí que debía darle a este problema?

    ¿qué parte es el hecho… y qué parte es la sugestión cultural alrededor del hecho?

  • Hacer por los demás

    Una de las sensaciones más duras que puede vivir un ser humano es esta:

    hacer algo…

    y que no provoque ningún impacto en el entorno y sus individuos.

    Das un paso.

    Propones algo.

    Ayudas.

    Hablas.

    Te expones.

    Y recibes silencio.

    Indiferencia.

    O una respuesta fría que no encaja con tu intención.

    Y entonces aparece el sufrimiento:

    “¿Qué hice mal?”

    “¿Por qué no funciona?”

    “¿Tengo un problema?”

    Aquí viene la trampa cultural:

    se señala al individuo.

    Se patologiza la intención.

    Como si “querer hacer por los demas” fuera una tara.

    Como si esperar una reacción humana fuera debilidad.

    Como si necesitar respuesta fuera estar “mal de la cabeza”.

    Pero piénsalo:

    casi todo lo que hacemos existe para impactar en otros.

    Trabajas para que alguien lo compre.

    Creas para que alguien lo reciba.

    Hablas para que alguien escuche.

    Vives en relación.

    Entonces el problema no es que tú quieras provocar algo en el entorno.

    El problema es el tipo de entorno que hemos normalizado:

    uno donde hay poca cooperación,

    poca escucha y mucha reafirmación competitiva de quienes somos.

    donde todos luchan por una razón que el otro nunca entenderá,

    y mucho “cada uno a lo suyo”.

    En un contexto así, el beneficio común se diluye.

    Y cuando se pierde lo común…

    empezamos a llamar “problema personal” a lo que en realidad es un problema social.

    Por eso este email no va de “gestionar expectativas”.

    Va de ver el mapa completo:

    si una persona sufre porque busca conexión, respuesta e impacto…

    quizá no es que esté rota.

    Quizá está funcionando como un ser humano…

    dentro de una cultura que se creó 

    desde un constante conflicto de identidades 

    que creyeron haberse hecho asi mismas.

    Esto lo analizamos profundamente en Emosocial

    nuestro proyecto está provocando un impacto y vemos una respuesta mayor y mejor de lo que esperábamos

    Porque ahora Emosocial llega a la Universidad.

    Y financian nuestra formación dejándola a un precio ridículo

    y lo mejor de todo es que al principio era solo para universitarios pero ahora han dicho que para cualquier persona.

    Esta es una oportunidad única para vosotros y para nosotros

    ya que si entran muchas personas

    estaremos un paso más cerca de nuestro objetivo

    convertir a Emosocial en una asignatura en centros académicos

    Nosotros seguimos trabajando por hacer por y para los demás una sociedad mas cooperativa

    ayúdanos con esto y apúntate a ese súper precio reducido que han puesto a nuestra formación, es de locos.

    https://www.upo.es/formacionpermanente/microcredenciales/fundamentos-de-la-interaccion-social-para-el-bienestar-personal/

    Tu mapa de hoy:

    Todos hacemos por los demás y para los demás como consecuencia de hacerlo por y para uno mismo. La ausencia de respuesta nos empuja a sostener la idea de que hacerlo por y para los demás está mal. 

  • Parece que todos buscamos ser especiales.

    Aunque lo negemos.

    Como si estuviéramos destinados a algo.

    Como si fuéramos protagonistas no solo de nuestra vida

    Sino de la del mundo y los demás.

    Como si pudiéramos controlar lo sistemático del contexto para sentirnos “por encima”.

    Y ojo: esto no es raro.

    Es un proceso bastante normal del individuo.

    Pero está profundamente condicionado por historias culturales:

    héroes,

    elegidos,

    salvadores,

    figuras que “destacan” y se convierten en referencia.

    Antes eran relatos religiosos o históricos.

    Ahora también son películas.

    Series.

    Y el feed infinito de Instagram.

    Donde el protagonista siempre se salva…

    y el que brilla parece brillar en todo,

    como si fuera especial “en conjunto”,

    sin ver el resto de factores que lo sostienen.

    La base es más simple de lo que parece:

    lo especial es aquello que recibe reconocimiento social.

    Si la sociedad aplaude algo…

    eso se convierte en “lo deseable”.

    Y entonces lo deseable se confunde con identidad:

    “yo tengo que ser eso”.

    Por eso tanta obsesión con ser especial.

    No por espiritualidad.

    Por reconocimiento.

    Y aquí viene el alivio:

    no eres especial.

    Eres un organismo más en interacción con otros organismos.

    Con un contexto que te afecta.

    Y al que tú afectas.

    A veces te sentirás especial.

    A veces no.

    Y ninguna de las dos cosas es fija.

    La “especialidad” no es un estado.

    No es un título.

    No es una propiedad permanente.

    Lo más sano no es creerte especial,

    porque la mayoria de los conflictos suceden 

    por sostener esa especialidad ante uno mismo y los demas.

    Es reconocer que tienes momentos especiales.

    Y entender que la vida…

    no siempre lo es como para hacernos sentir especiales.

    Desde emosocial damos herramientas, no para sentirte especial

    sino para sentirte util en el entorno

    y entender que el entorno responde

    a reglas morales y codigos sociales,

    a los que todos estamos sometidos.

     

    Esas herramientas te dan un "zoom out" 

    para salir del modo alerta 

    que intenta sostener esa especialidad constantemente.

    Asi que si quieres aprender mas de éste Zoom out

    aqui aprenderas como.

    Tu mapa de hoy:

    No eres especial, eres alguien sometido por el contexto al hecho de que debes ser especial. 

  • Se repite mucho esta frase:

    “el peor enemigo del ser humano es su propia mente”.

    Suena profunda.

    Pero es tramposa.

    Porque mete el problema dentro del individuo.

    Como si el individuo existiera aislado.

    Como si la mente se hubiera fabricado sola.

    Lo que se ha creado a nivel sociocultural es otra cosa:

    la individuación como mito.

    Un “yo” extraordinario.

    Un protagonista.

    Un personaje.

    Una identidad separada.

    Alguien que destaca, controla, conquista, demuestra.

    Alguien que “tiene que ser alguien”.

    Lo vimos en relatos y figuras reconocidas.

    Luego en películas y series.

    Y ahora en influencers.

    La misma idea con distinto formato.

    Ser especial como conjunto.

    Como si fueras una marca completa.

    Como si el mundo te debiera una narrativa.

    Como si todo girara alrededor de ti.

    Pero aquí está lo real:

    sí, somos individuos.

    Autónomos en lo material.

    Pero no independientes por dentro.

    No somos independientes en lo psicológico.

    Ni en lo orgánico.

    Ni en lo biológico.

    Somos interconexión.

    Somos sistema.

    Somos contexto en movimiento.

    Somos interacción constante.

    Y eso te cambia.

    Entonces no: tu peor enemigo no es “tu mente”.

    Tu peor enemigo es creerte demasiado a ti mismo.

    Creerte separado.

    Creerte protagonista.

    Por eso en terapia no hay libertad en “encontrarte a ti mismo”.

    Eso suele ser un laberinto.

    Cuanto más te buscas, más te encajas.

    Más te estrechas.

    Lo que transforma de verdad es lo contrario:

    salir de la visión que tienes de ti.

    Desidentificarse.

    Soltar el guion.

    Abrir espacio.

    Dejar de defender una identidad.

    La libertad aparece cuando entiendes esto:

    no te hiciste solo.

    no eres una isla.

    no eres un producto terminado.

    Eres una relación con el mundo.

    Y el mundo también es una relación contigo.

    Cuando ves eso, respiras.

    Tu mapa de hoy:


    Hackear el Cerebro como si el problema fuera individual no tiene sentido, Hackear el contexto es la clave para cambiar el funcionamiento del cerebro y estar bien.

  • Hablamos poco de reconocimiento.

    Y, sin embargo, organizamos gran parte de la vida alrededor de su ausencia.

    El reconocimiento no es un lujo emocional.

    Es una condición básica para existir socialmente.

    No puedo reconocerme a mí mismo.

    No porque no pueda cuidarme o valorarme.

    Sino porque el reconocimiento, por definición, no es un acto interior.

    Es una relación.

    Ocurre cuando alguien fuera de mí me ve.

    Me nombra.

    Responde a mi presencia.

    Confirma que mi existencia tiene peso en el mundo.

    Yo no puedo saber si soy simpático, 

    sino lo confirmo con la respuesta del que tengo delante.

    Cuando el reconocimiento falta, no solo duele.

    Desorganiza.

    Produce la sensación de ser, invisible.

    El gran malentendido contemporáneo es haberlo convertido en obligación individual.

    Nos dicen que debemos producirlo desde dentro.

    Como si fuera técnica, actitud o elección personal.

    Como si se pudiera fabricar a voluntad.

    Pero nadie se reconoce solo.

    Del mismo modo que nadie habla un idioma sin interlocutores.

    El reconocimiento se aprende en la respuesta del otro.

    En saber que cuando apareces, algo ocurre.

    Asignarse ese deber de autoconocerse,

    es consecuencia de no haberlo recibido
    Al final todos lo andamos buscando como pollo sin cabeza afirmando que no lo necesitamos pero exigiendolo mediante otros términos de grandeza.

    Por eso el problema no es que las personas “no sepan” reconocerse.

    El problema es vivir en relaciones y sistemas que no reconocen.

    Y ninguna voluntad individual puede compensar eso indefinidamente.

    Porque el reconocimiento no se fabrica.

    Se concede.

    Se intercambia.

    Se sostiene.

    Y siempre, inevitablemente, ocurre entre.

    La única manera de recibir reconocimiento,

    o por lo menos sentir reconocimiento, 

    es ver que lo que haces provoca algo 

    y la mejor manera es otorgar tú, ese reconocimiento

    Y uno de los caminos para ser consciente de ello

    es la formación que impartimos aqui

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